jueves, 10 de julio de 2008

L a g u e r r a




Esta vida fugaz acaba en cincuenta y siete minutos.
Les Quatuor à cordes de édouard Lalo que quizá nunca llegaré a escuchar.

Bajo la capa de trigo reseca y el frío de tu sombra y tu sangre congelada dentro de mis uñas; los carriles de mis huellas dactilares carmesíes.

Y ya han pasado ocho minutos.
Tu grito de espliego, tus labios amoratados, amotinan campos de saliva en mi boca donde deambula mi lengua de frambuesa inmadura.

Tu abrazo conservó mi niñez y desechó el pálido sabor a insatisfacción que detuvo mi vida cuando no existías. Todo era factible entre tus brazos, yo era princesa de tu cuerpo, tu garganta mi castillo.

En toda pared pintada veo crecer tu nombre agrietando ladrillos, en cada vereda muda escucho el sonido de tus pasos, tu silencio grita y mece mi vestido blanco.

Silencio. Shh. Silencio. Se ha teñido de rojo turbio un solo minuto del invierno. Nos ha empapado con su sangre.
Me quedan cuarenta y dos segundos.

No quiero decir más porque me roba tiempo y quiero solo mirarte.

No hay comentarios: